Lo tienes frente a ti, sabes que algo le preocupa y quieres ayudarlo… pero por dentro estás pensando:
“No sé qué decirte.”
Y justamente ahí, por querer ayudar, muchas veces empezamos a hablar.
Damos consejos.
Intentamos encontrar una solución.
Le explicamos lo que debería hacer.
O hacemos todo lo contrario: le quitamos importancia porque pensamos que así dejará de preocuparse.
“No pasa nada.”
“No pienses más en eso.”
“Ya se te va a pasar.”
Pero quizás tu hijo no necesita que tengas «inmediatamente» la respuesta.
Y tú no necesitas saber todo, ni qué decir para poder acompañarlo.
Cuando no sepas cómo ayudarlo, prueba estas 3 cosas:
- Escucha antes de responder. Déjalo contarte lo que pasó sin reírte, sin juzgarlo ni apresurarte a solucionar. Reconoce lo que está sintiendo: “Entiendo que esto te haya preocupado”, “Veo que te dolió”.
- Ayúdalo a separar lo que verdaderamente pasó, de lo que piensa sobre eso que le que pasó. Pregúntale: “¿Qué ocurrió exactamente?”, “¿Qué viste o escuchaste?”, “¿Qué pensaste en ese momento?”. Esto puede ayudarlo a distinguir los hechos de sus interpretaciones.
- Conviértanse en investigadores. Como si estuvieran estudiando juntos un caso, anoten: qué observaron, qué creen que pudo haber ocurrido, qué información les falta y qué podrían hacer ahora para evitar una situación similar.
No tienes que resolverle inmediatamente el problema.
A veces acompañar significa sentarte a su lado y transmitirle:
“No tengo todas las respuestas, pero podemos mirar juntos lo que está pasando para encontrar una solución.”
🌟 Y quizás ahí está lo más importante: tu hijo no solo aprende a resolver esa situación en particular. Aprende una manera de observar, pensar y buscar respuestas sin sentirse solo.
Un abrazo
Silvia



