Ay, ojalá mañana me levante mejor…

From above of diseased kid in casual clothing touching forehead and using drug aerosol while resting in bedroom in daylight

Y así fue.

Al día siguiente se levantó mejor.

La escena fue simple.

A la mañana, mientras desayunábamos, mi hijo de 15 años me contó algo que había pensado la noche anterior.

Me dijo:

«Anoche, cuando me acosté, me sentía raro y hay muchos compañeros engripados así que pensé: «ojalá mañana me levante mejor.»

Su frase fue clave para que al despertar su deseo se hiciera realidad.

Las madres solemos prestar atención a lo que hacen nuestros hijos, a cómo se comportan, a sus notas, a sus emociones…

Pero pocas veces prestamos atención a las palabras que utilizan para hablar de sí mismos y de lo que desean construir como su realidad.

Y sin embargo, las palabras importan, y mucho.

Porque cada palabra contiene una dirección.

Cuando decimos:

«Ojalá mañana me levante mejor»

nuestra atención está puesta en el estado que deseamos alcanzar.

En cambio, cuando decimos:

«Ojalá mañana no caiga enfermo»

la atención está puesta en la enfermedad.

Puede parecer un detalle insignificante.

Pero muchas veces la diferencia entre una frase y otra cambia completamente el lugar desde donde construimos nuestra realidad.

Y eso es una clave que trabajo mucho con las familias que desean mejorar su entorno familiar.

Aprender a observar las palabras y la intención que hay detrás.

Aprender a descubrir desde dónde estamos pensando e intencionando cuando hablamos.

Porque las palabras no se las lleva el viento, destruyen o construyen nuestra propia realidad.

Por eso, el primer paso de mi metodología consiste en algo muy simple:

  • Escuchar:
  1. Escuchar qué me digo a mi misma.
  2. Escuchar qué le digo a mis hijos.

Escuchar qué palabras usamos cuando pensamos en aquello que queremos conseguir.

Porque cuando cambiamos la dirección de nuestra atención, muchas veces también empieza a cambiar la realidad que construimos.

Y ahora te pregunto:

Si mi hijo hubiera pensado:

«Ojalá mañana no caiga enfermo»

¿Crees que el resultado habría sido exactamente el mismo?

Te leo en los comentarios.

Un abrazo

Silvia