Lo que esta diosa egipcia me enseñó sobre los problemas de nuestros hijos.

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Hay viajes que no terminan cuando el avión aterriza y regresas a tu hogar.

La educación no consistía únicamente en transmitir conocimientos. Era un camino de transformación. Se educaba durante toda la vida para que el ser humano pudiera desarrollar todo su potencial y acercarse a su naturaleza más elevada.

Cada templo tenía una esencia diferente. Cada uno representaba un aspecto del desarrollo interior.

Y eso me hizo pensar en algo muy simple, pero muy profundo.

Si cada templo tenía un propósito único, ¿por qué esperaríamos que todos los niños aprendieran, sintieran o crecieran de la misma manera?

Uno de los símbolos que más me conmovió fue el de la diosa Isis, representada en ocasiones como una gaviota.

Un ave capaz de elevarse y conectar la tierra con el cielo, una imagen que representa la capacidad de ir más allá de los límites humanos y conectar con lo divino.

También descubrí otra enseñanza que me hizo mirar la educación con otros ojos.

Los antiguos egipcios no entendían el mal como algo que simplemente debía rechazarse.

Lo comprenden como parte del principio de dualidad.

Por eso existían deidades que podían representar tanto la destrucción como la sanación.

Lo que parecía una amenaza también podía convertirse en una oportunidad de transformación.

Y entonces me pregunté…

¿Cuántas veces hacemos lo contrario con nuestros hijos?

Cuando aparece una dificultad en la escuela, un problema de atención, una frustración o un conflicto, solemos mirar únicamente aquello que nos preocupa.

Pero quizás esa dificultad también esté intentando mostrarnos una fortaleza que todavía no hemos descubierto.

Tal vez el problema no sea únicamente lo que está ocurriendo.

Tal vez el verdadero desafío sea desde dónde estamos eligiendo mirarlo.

Porque cuando creemos que todo lo que sucede depende exclusivamente del entorno, cedemos, entregamos nuestro poder al otro.

En cambio, cuando nos animamos a cambiar la mirada, aparece una nueva posibilidad.

La de acompañar a nuestros hijos desde la confianza y no desde el miedo.

En Centro Sabama creemos que detrás de cada dificultad puede existir un potencial esperando ser descubierto.

Y que educar no consiste solo en ayudar a un niño a aprender contenidos.

También consiste en ayudarlo a descubrir quién es, confiar en sí mismo y desarrollar aquello único que vino a aportar al mundo.

Quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas que me traje de Egipto:

No siempre podemos elegir lo que nos ocurre.

Pero sí podemos elegir desde qué mirada queremos acompañar y educar.

Un abrazo

Silvia Aguirre

@centrosabama.com