¿Alguna vez te conté sobre Franchesca?
Ella es todo un personaje.
Es una esencia femenina, alegre y juvenil. Siempre la percibo dando pequeños saltitos, como un gorrión lleno de vida.
Comencé a visualizarla durante mis meditaciones mucho antes de saber quién era. Aparecía una y otra vez, pero no comprendía su significado.
Tiempo después, en una clase de biodecodificación, entendí algo que me impactó profundamente: los secretos que guardamos pueden influir en la realidad de nuestros hijos.
Entonces tomé una decisión importante.
Una tarde le conté a mi hijo menor que, años atrás, por causas naturales, mamá había perdido un bebé en su vientre.
Al día siguiente despertó con los ojos muy abiertos y una expresión de asombro que nunca olvidaré.
—¡Mamá! Soñé con mi hermana. Se llama Franchesca.
Aquello podría haber quedado como un simple sueño infantil.
Pero la historia recién comenzaba.
Un tiempo después conocí a una mujer a la que veía por primera vez. Mientras conversábamos, me observó unos segundos y me dijo:
—Veo una niña a tu lado. Tiene una energía alegre y juvenil. Da pequeños saltitos, como un gorrión.
Sentí un escalofrío…
Entonces hizo una pausa y agregó:
—Espera… está escribiendo su nombre.
La mujer cerró los ojos unos instantes y sonrió.
—Se llama Franchesca.
Mi asombro fue tan grande que apenas podía creer lo que estaba escuchando.
Días más tarde, mientras estaba acostada con mi hijo antes de dormir, me dijo de repente:
—Mamá, Franchesca me dice que dibuje una mariposa.
Tomó lápiz y papel y comenzó a dibujar.
Para nosotros, Franchesca era una presencia que formaba parte de nuestros juegos e imaginación. A veces nos preguntábamos qué haría, qué pensaría o cómo vería las cosas desde ese otro lado, desde otra dimensión.
Pero la sorpresa más grande estaba por llegar.
A la mañana siguiente, aquella mujer a la que solo había visto una vez apareció en la puerta de mi casa.
Traía un regalo entre sus manos.
—Esto te lo envía Franchesca —me dijo—. Ayer sentí una insistencia tan fuerte que tuve que salir a comprarlo para traértelo.
¿Adivinas de que se trataba ese regalo? Exactamente, una mariposa.
Luego añadió:
—Ella se representa con el color naranja.
Y sí.
Así era.
Sería muy largo contar todas las experiencias que vinieron después, pero el color naranja comenzó a aparecer en nuestra vida de maneras tan extrañas y sincronizadas que ya no pudimos ignorarlo.
Desde entonces, Franchesca acompaña a mi familia en cada momento, y no tengo que ocuparme de ella, porque siempre se encarga ella, de recordarme que está conmigo.
Y aunque cada persona puede interpretar esta historia a su manera, nosotros hemos aprendido a reconocer una señal muy especial cuando aparece.
Porque, de algún modo, Franchesca siempre encuentra la forma de decirnos que está cerca.
Y casi siempre lo hace a través del color naranja.
En este viaje #egitotour, como no podía ser de otra manera tenía que estar presente. En el aeropuerto, en los hoteles, incluso en el chip te la telefonía que nos mantuvo «conectados» los 15 días del viaje.
Todos tenemos un ser especial que nos acompaña desde otro lugar, solo necesita ser visto con otros ojos.
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Un abrazo,
Silvia



