Cuando el diagnóstico dice TDAH… ¿Qué hacemos después?

Tu hijo es capaz, inteligente, pero… se distrae y se aburre con facilidad.

Empieza una tarea y a los pocos minutos está haciendo otra cosa. Parece no escucharte. Necesita que le recuerdes una y otra vez lo que tiene que hacer. O quizás puede permanecer muchísimo tiempo concentrado en aquello que le interesa, pero frente a determinadas actividades escolares se desconecta completamente.

Buscás respuestas, consultás profesionales y finalmente recibís una evaluación o un diagnóstico.

Ahora tenés más información.

Pero quizás volvés a tu casa con una pregunta todavía más importante:

“¿Y ahora cómo lo ayudo?”

Porque ponerle un nombre a lo que sucede puede ayudarnos a comprender determinadas dificultades y orientar los apoyos que un niño necesita, pero el diagnóstico por sí mismo no le enseña al niño qué hacer cuando pierde la concentración, cuando una tarea lo abruma o cuando se frustra porque algo no le sale como esperaba.

Y tampoco le enseña a la familia cómo acompañarlo en esos momentos.

Mira más allá de la conducta…

La falta de atención no siempre se presenta de la misma manera ni responde a una única causa.

Un niño puede desconectarse porque no comprende una consigna, porque está cansado, porque la actividad no despierta su interés, porque se siente sobrepasado o porque tiene dificultades específicas para regular y sostener su atención, entre otras posibilidades.

Por eso hay una diferencia enorme entre decir:

“Mi hijo es distraído.”

y preguntarnos:

“¿Qué está sucediendo cuando mi hijo se distrae y qué le estoy enseñando de lo que le pasa?”

La primera frase puede convertirse fácilmente en una etiqueta.

La segunda abre una posibilidad.

Del problema a la herramienta…

Este es uno de los cambios de mirada que proponemos desde Centro Sabama.

Si un niño abandona una actividad cuando no consigue hacerla perfectamente, además de señalar que “se frustra”, podemos ayudarlo a aprender qué hacer con esa frustración.

Si pierde el foco frente a una tarea extensa, podemos explorar qué estrategias le permiten organizarla en pequeños pasos.

Si necesita que un adulto le recuerde constantemente qué tiene que hacer, podemos preguntarnos cómo acompañarlo progresivamente hacia una mayor autonomía.

El objetivo no es negar aquello que le cuesta, sino, evitar que sus dificultades se conviertan en la identidad del niño.

Y la familia también necesita herramientas…

Muchas madres llegan a Centro Sabama diciéndome:

“Yo sé que mi hijo puede, pero ya no sé cómo ayudarlo.”

Y ahí aparece otra parte fundamental de nuestro trabajo, preguntarnos:

“¿Qué necesitamos aprender los adultos para acompañarlo?”

Porque cuando llevamos meses diciendo “concentrate”, “apurate”, “terminá”, “otra vez te distrajiste”, es fácil quedar atrapados en una dinámica de corrección permanente.

Por eso en Centro Sabama trabajamos con el niño y su familia.

No buscamos un niño perfecto que nunca se distraiga, nunca se frustre y haga todo lo que esperamos de él.

Buscamos que vaya desarrollando recursos para reconocer qué le sucede, afrontar las dificultades, pedir ayuda, volver a intentarlo y recuperar confianza en su propia capacidad para aprender.

Y que su familia también tenga una dirección clara para acompañarlo.

¿No sabés cuál debería ser el próximo paso?

Si tu hijo tiene dificultades para concentrarse, se aburre con facilidad, se frustra frente a las tareas o ya recibiste un diagnóstico de TDAH pero seguís sin saber cómo acompañarlo en las situaciones concretas del día a día, quiero invitarte a una orientación gratuita.

Vamos a conversar sobre tu situación particular, qué es lo que hoy más les está costando y qué recursos o apoyos podrían ser útiles como próximo paso.

No se trata de reemplazar un diagnóstico ni el acompañamiento profesional que tu hijo pueda necesitar. Se trata de sumar herramientas para la vida cotidiana.

Escribime por WhatsApp y coordinamos la orientación.

Silvia Aguirre

Centro Sabama