¿Alguna vez viste esos autos inteligentes que se manejan solos?
Si la carrocería se rompe, los llevás al mecánico ¿verdad? lo mismo sucede con el cuerpo físico de un niño, cuando se enferma, es el médico quien se encarga de «reparar» su carrocería.
Pero hay algo que me gustaría que observáramos juntas, ni ese «auto inteligente» ni el niño con su capacidad de pensar por si mismo, funcionan solo por su estructura exterior, necesitan además de una «programación interna» que los dirija hacia una meta o dirección. ¿Me explico?
Desde que nace, un niño comienza a aprender cómo debe comportarse, qué debe pensar, qué está bien, qué está mal, qué se espera de él y hacia donde dirigirse (aunque la mayor parte del tiempo ni siquiera existe esa dirección). Esto lo aprende de su familia, de la escuela, de la cultura y de la sociedad.
Y poco a poco comienza a recorrer caminos trazados por adultos, que tampoco han llegado a ninguna parte.
Por eso vemos niños curiosos, creativos y llenos de entusiasmo que, con el tiempo, dejan de hacer preguntas, pierden confianza en sí mismos o se desconectan de lo que realmente desean.
No porque tengan un problema. Sino porque aprendieron a obedecer y seguir instrucciones externas, que no conducen a ningún sitio, antes que escuchar su propia voz.
Por eso considero tan importante ayudar a los niños a desarrollar lo que llamo «Inteligencia Consciente», algo así como un gps interno, cargado de sabiduría universal, que los conduce por un camino de éxito personal.
Porque educar no es decirle a un niño que debe o no debe hacer, que es lo que está bien o que es lo que está mal, es guiarlo y ayudarle a desarrollar su Inteligencia Consciente, recordar quién verdaderamente es, darle sentido y propósito a su pasaje por este plano terrenal.
💛 Y vos, ¿sentís que tu hijo toma decisiones propias o que más bien hace lo que «otros» esperan de él/ella?
Un abrazo
Silvia


